Olas de muerte me envolvían,
torrentes destructores me aterraban; en mi angustia invoqué al Señor y él
escuchó mi voz desde su templo.
Circumdedérunt me gémitus mortis,
dolóres inférni circumdedérunt me; et in tribulatióne
mea invocávi Dóminum, et exaudívit de templo sancto suo vocem
meam. Sal 17, 5-7
Oremos:
Que tu amor misericordioso dirija siempre, Señor, nuestros deseos y
actividades, ya que sin tu ayuda no podemos agradarte.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Yo era como un manso cordero,
que es llevado a degollar
Lectura del libro del profeta
Jeremías
11, 18-20
En aquel tiempo dijo Jeremías:
"El Señor todopoderoso me lo hizo saber y comprendí. Entonces me hiciste
descubrir sus intenciones. Yo era como un cordero manso llevado al matadero; no
sabía lo que conspiraban contra mí.
"¡Destruyamos el árbol cuando aún tiene savia; arranquémoslo de la tierra
de los vivos, y que nadie se acuerde más de su nombre!"
Pero tú, Señor todopoderoso, juzgas rectamente, y examinas el interior del
hombre y sus intenciones; haz que yo pueda ver tu venganza sobre ellos, porque
a ti he confiado mi causa".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 7, 2-3.9bc-10.11-12
En ti, Señor, me refugio.
Dómine Deus meus, in te sperávi.
Señor, Dios mío, en ti busco
refugio, sálvame de mis perseguidores y líbrame; no sea que me destrocen como
leones, de cuyas fauces nadie puede escapar.
En ti, Señor, me refugio.
Dómine Deus meus, in te sperávi.
Júzgame, Señor, según mi
rectitud, según la inocencia que hay en mí. Que termine la maldad de los
malvados; da tu apoyo al inocente, tú que examinas el corazón y las entrañas,
tú que eres un Dios justo.
En ti, Señor, me refugio.
Dómine Deus meus, in te sperávi.
Dios es mi escudo, él salva a
los honrados. Dios es un juez justo, siempre alerta para el castigo.
En ti, Señor, me refugio.
Dómine Deus meus, in te sperávi.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y
perseveran hasta dar fruto.
Beáti qui in corde
bono et óptimo verbum Dei rétinent,
et fructum áfferunt in patiéntia. Lc 8, 15
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
¿Acaso de Galilea va a venir el
Mesías?
† Lectura del santo Evangelio según
san Juan
7, 40-53
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, algunos de los que
habían escuchado a Jesús comenzaron a decir:
"Seguro que éste es el Profeta".
Otros decían:
"Este es el Mesías".
Otros, por el contrario:
"¿Acaso va a venir el Mesías de Galilea? ¿No afirma la Escritura que el
Mesías tiene que ser de la familia de David y de su mismo pueblo, de
Belén?"
Había pues, una gran división de opiniones acerca de Jesús.
Algunos querían detenerlo, pero nadie se atrevió a hacerlo. Los guardias fueron
donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les preguntaron:
"¿Por qué no lo han traído?"
Los guardias respondieron:
"Nadie ha hablado jamás como lo hace este hombre".
Los fariseos les dijeron:
"¿También ustedes se han dejado engañar? ¿No se dan cuenta de que ninguno
de nuestros jefes ni los fariseos han creído en él? Lo que ocurre es que esta
gente, que no conoce la ley, se halla bajo la maldición".
Uno de ellos, Nicodemo, el mismo que en otra ocasión
había ido a ver a Jesús, intervino y dijo:
"¿Acaso nuestra ley permite condenar a alguien sin haberlo oído
previamente para saber qué ha hecho?"
Los otros le contestaron:
"¿También tú eres de Galilea?
Investiga las Escrituras y llegarás a la conclusión de que jamás ha surgido un
profeta en Galilea".
Y después de esto, cada uno regresó a su casa.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta, Señor, este sacrificio de
reconciliación y, con la fuerza de tu amor, doblega ante ti nuestras rebeldes
voluntades.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Los frutos de las privaciones
voluntarias
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has querido que en nuestras privaciones voluntarias encontremos un
motivo para bendecirte, ya que nos ayudan a refrenar nuestras pasiones
desordenas y, al darnos ocasión de compartir nuestros bienes con los
necesitados, nos hacen imitadores de tu generosidad.
Por eso,
con todos los ángeles, te glorificamos y te aclamamos diciendo:
[Misa]
Hemos sido rescatados con la
Sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha.
Pretióso sánguine quasi
Agni immaculáti Christi et incontamináti redémpti sumus. 1 Pe 1, 19
Oremos:
Que tus sacramentos nos purifiquen, Señor, y por su acción eficaz nos hagan
agradables a tus ojos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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